Amada

Sueños infernales con esqueletos de pubis rubio. Alucinaciones del hombre corriente camufladas tras las conveniencias de alcoba, despacho y consulta. Flujos de azufre, daga ardiente de eterna insistencia, pecho dulce, efímero o pleno.

Te vi cerca con velos dorados, ángel armado de coraza asustada, con indiferente respuesta al cadáver sangrante. Pasaste a mi lado con velos quemados, estatua pétrea de confusa mirada, con arrojo profundo de vida implicada. Acunaste mi sexo con velos cobrizos, tierra sagrada de paraíso vencido, con amor solícito de mujer complacida. Seduje tu aliento de velos rizados, sueño infernal de amor ansiada, con fogosidad furtiva al hombre entregado.

Chillidos de éxtasis en cuerpos yacentes. Imágenes de amantes cercanas con sumisa renuncia. Almendra extendida, perpetuada y satisfecha. Agua, fuego, aire y tierra vertidos por el gran dominador universal, creador todopoderoso.

Años oscuros, de penumbra perpetua sobreviviendo con lucha incesante, sorbiendo tus senos, acariciando tus manos y forzando tu presencia. Añorada ninfa, mi amor, doncella celeste de aire espumoso, que bien te quedaste en la peana de tu cuento de hadas.

Salvajes tambores de fino algodón, redoblan sus canciones de furia y amor. Mientras, desciendo erguido al taller de forja, donde incansables huríes fabrican sus sexos de acero y color.

Tiempo detenido penetrando las almas, juego peligroso en caída libre al que salva la piedra que sostiene tu cuerpo. Interés y pasión dibujadas, pospuestas con silencioso erotismo. Odio agresivo de mujer despechada, sexo anhelante y pecho contrariado, regresaste a mi fuerza de compañero azulado.

Niño perdido, ¿qué haces con mis ojos? Los llevo al palacio de la luna, desde el volcán de tu sangre ¿puedes ayudarme? Ven y sígueme, te acompañaré parte del camino.

Alegría de niña que viste de rojo, cantas la vida bebiendo mi sexo, y me llevas al cine a contarme un secreto. Te haces mayor y te vas apagando, aprendiendo lo malo de crecer a mi lado. Castigo tu calma de beso en la frente, para asaltar la muralla de mi destino proyectado.

Vuelo de halcón construyendo paisajes, alturas logradas y ríos cruzados. Cejas fruncidas que asaltan la vida, saboreando el tiempo con deleite seguro, plácido y luminoso.

Mujer de mi vida, que a tiempo has llegado, con ojitos de gata, susurros de cielo y vulva de plata. Amor, escucha mi sueño, y atiende gozosa mi dócil gateo. Niña hallada en viajes australes, te ofrezco mi pecho de temple de hierro, para completar tu figura sedienta de afecto. Creamos sentido con miradas pegadas, narices deformes y bocas rebasadas. Hermoso sentido, verdadero porque remite al origen, único y autónomo. Añoro tu carne cada día, adelanto su pérdida cada instante alejado, y consigo reencuentros novedosos y terribles. Mi amada, este canto soñado, viene de ti.

Madrid, 21 de julio de 2008

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