Segunda carta

Tallaste la piedra sin saberlo. Ligeramente tratas de moldear todo a tu ilusión, caprichos de un adolescente inagotable, finalmente frustrado porque no se sale con la suya. A pesar de todo el hartazgo, sucios manoseos y rabietas, como ya te grabé hace tiempo, has dado forma con tu arrollador enfrentamiento contra el cosmos.

Ahora pareces vencido, revolcado, abrumado, lleno de fantasmas informes que te persiguen desde atrás, precisamente cuando las circunstancias ten han entregado un mayor control sobre ti mismo, has soltado lastre y has hallado una gema de timidez brillante. Pero tu fiera interior está pendiente de salir. Permanece agazapada esperando su oportunidad para saldar cuentas con el vidrio contra el que una y otra vez te has golpeado.

Calor ardiente despedido por el asfalto bajo mansiones de jardines con cuerpo de moza, sobre el que trazábamos con tiza rutas soñadas de juegos infantiles. Siempre vuelven las sendas frescas. Mundo que recupero gracias a mi hijo, y del que tú nunca has salido. Tal vez tengas un pie fuera en este momento. Aquellas aventuras bajo tierra sin explorar, descubriendo puntos de luz lejana que en realidad estaban a quinientos metros de casa.

Identifico la esencia humana con la capacidad de comunicación, y la inteligencia con la relación de elementos distantes. Cuanto más compleja la forma , o sea sencilla, y más distantes los elementos relacionados, tenemos un mayor acercamiento a la identidad humana, a la verdad, a la belleza. Hace falta cierta pausa para acercarse a ello, pero lo normal es estar en otras cosas, que nos reclaman y que buscamos.

Pactos de sangre entre compañeros, lazos profundos necesarios para el crecimiento, unidad inexcusable en el destino, y tantas promesas abandonadas. Caminábamos juntos, pero no era el mismo camino, o tal vez sí, pero estábamos alejados. Desde aquí lo veo bien. En realidad pronto lo vi claro, y ahora me aburre recordar las obviedades y evidencias sobadas por el insoportable sudor de los años.

Esta carta, amigo, es un puro ejercicio de escritura sin tema, retorcido y al borde de lo forzado. Cuando no se note el esfuerzo y todo parezca en su sitio natural, tendré una página sublime. No hay que conformarse con menos, de lo contrario, los folios se quedarían en insufribles pretensiones de pavo. El tema es importante, pero el cómo, el estilo, la forma, son fundamentales, y consiguen realzar la potencia de lo que tenemos que contar. Por otro lado, desde la manzana y la serpiente, los temas de interés son un puñado de asuntos básicos que nos llegan muy trillados, relamidos, y que nos obligan a cuidar con mayor viveza las variaciones del envoltorio. Además, fondo y forma tienen que lograr un todo continuo, poderoso, inseparable, para encontrar la perfecta comunicación poética, es decir, de imágenes múltiples, pero relacionadas. Cualquier cuartilla con un logrado orden o método -pues eso es el estilo- donde cojee el contenido, puede siempre salvarse, gracias a la riqueza añadida. Aunque me parece inconcebible una gran construcción formal sin dominio y conocimiento de lo humano, que nos lleva o nos llega del conocimiento propio, único gran tema. Lo contrario, es ñoñería, propaganda o folletos. O recado, como escuché una vez por ahí. Sigue buscando.

Madrid, 28 de julio de 2008

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