Infancia

Ese niño callado, tímido y serio que se esconde asustado detrás de la puerta sellada de una adolescencia oscura. El niño perdido que no puedo ver más que por diminutos dibujos a través del ojal de esa puerta. Mi niño adorado ha venido a entregarme las claves misteriosas de mi crecer clausurado.

Espíritu tenaz en busca de amor, contacto primario que te hace florecer de alegría brillante fabricada de caricias, tú juegas conmigo compartiendo sueños recientes de instantes felices, huyendo de la miserable tiranía del tiempo futuro.

Niño humillado, abandonado y relegado que reaccionas con furia, está bien cariño, porque es terrible lo que la vida quita. Lo que ofrece hay que lucharlo, y para retirar no pregunta. Veo en tus ojos las lágrimas de la claridad, lucidez resignada que quisieras dejar pasar, de un dolor eterno instalado ya, tan pronto, en tu pecho.

Saltas y corres golpeando la pelota, buscamos flores y contamos hormigas. Le pides a la luna con entusiasmo que venga, que baje que aquí la cuidamos. Te mira, pero sigue allí. Conduces coches, tractores y camiones, rellenas puzles y asaltamos la cama. Abrazamos y besamos a mami, la tierra del parque y el sol de la mañana.

Y no quieres hablar. Lo entiendo mi amor, pero tienes que contarme, tienes que decirme, crearme de nuevo para completar mi memoria antes de cerrar otra puerta. Déjame callar por ti. Representaremos juntos la función elegida, sin resignarnos a esperar que nos llegue ningún papel propuesto por el maligno destino.

Y escuchas mi llamada, oprimes mi mano contra tu rostro y por fin sonríes, esa boca tuya de línea fina que asciende suave para levantarme del suelo de papel. Cantas mi nombre de sonido nocturno, y me llena de entusiasmo de cielo estrellado en amarillos y verdes. Te llevo de la mano, no es cierto, tú me llevas, me trepas como la ardilla en el árbol del jardín, para jugar, para crecer.

A veces estamos abajo, el cielo pesa y nos cuesta respirar. Miramos demasiado alto y no podemos ver lo que está aquí, con nosotros. Tienes ventaja mi amor, porque tú ya te has dado cuenta del significado del tiempo, has descifrado la vida y está a tu alcance el poder absoluto del hombre tranquilo. Ya verás cielo, como destruyes con el cuchillo de tu dulce sonrisa las tinieblas acogedoras del creador.

Iremos primero gateando, caminando a ratos, y correremos por el placer de sentir la brisa fría de una mañana de verano, pero no para llegar antes, porque ya sabes que no hay lugar donde ir. La luna no baja, entonces prepararemos el viaje, nos haremos con un mapa, llenaremos la mochila, elegiremos dos o tres de tus juguetes, y una pelota claro. Saldremos de excursión explorando cada senda, recolectando hojas, oliendo los rumores del arroyo virgen, sintiendo el cansancio feliz de cada pisada, camino de la luna, dónde sabemos que no podemos llegar, pero es la única ruta que merece la pena recorrer. Así, hijo mío, tendrás tu luna soñada.

Madrid, 19 de septiembre de 2008

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